Hay plantas que nacen en condiciones adversas y es por eso que deben adaptarse al hábitat y crear las condiciones más idóneas para sobrevivir. Hay factores como una salinidad extrema, sequías, climas desérticos, heladas o fuertes vientos obligan a las plantas a encontrar alternativas viables que las ayuden a seguir viviendo.

El viento

El movimiento de aire en la atmósfera provoca el viento, un factor que provoca la rápida deshidratación de las plantas además de resecar el suelo y afectar las partes de los ejemplares. Tallos, hojas y ramas pueden verse afectados por ráfagas que atentan contra su plenitud y entereza, sobre todo en zonas proclives a los huracanes o bien en lugar cercanos al mar donde además se trata de un viento que viene acompañado con sal.

Para resistir el viento estas plantas se han adaptado a lo largo del tiempo y de las generaciones y así es como cuentan con tejidos más fuertes tanto en sus ramas como en los troncos. Esta es una de las variantes aunque también hay plantas a las que les ha sucedido lo contrario: sus ramas o tallos se han vuelto más flexibles para así acompañar los vaivenes del viento sin quebrarse.

 

doble rol del viento:

  • Positivo acción como vehículo en el transporte de polen y la diseminación de semillas, pero además tiene un papel importante en los tejidos de los troncos y ramas, cuando hay viento suave, las plantas se mueven y los tejidos se rompen, creando una respuesta de tejidos más fuertes, con el consiguiente plantas cada vez más fuertes y firmes.
  • Negativo, fuertes vientos pueden aumentar el efecto de la limitación hídrica, el efecto mecánico puede llegar provocar la abscisión de hojas y de frutos.

En otros casos, las plantas han detenido su altura o bien adquirido formas más redondeadas para no sufrir los estragos de las ráfagas que atentan contra su integridad. Estas alternativas colaboran además a la hora de evitar la deshidratación.

Acciones del viento sobre las plantas.

Acción sobre la capa límite.

El concepto de capa límite ha sido de suma utilidad para comprender los procesos de intercambio de calor y de gases entre un cuerpo y la atmósfera circundante. En lo que respecta a la fisiología y ecofisiología vegetal, por ejemplo, permite introducir el término resistencia de la capa límite, la cual interfiere con los intercambios de calor y gases entre el interior de la hoja y la atmósfera exterior, interviniendo de esta manera en la regulación de la temperatura foliar, la transpiración y la fotosíntesis. Desde el punto de vista físico, puede observarse que todo cuerpo sumergido en la atmósfera produce el frenado del aire por acción de las fuerzas de fricción sobre su superficie. De esta manera se genera sobre los contornos del cuerpo una capa de fluido más lenta: la capa límite.

En lo que respecta a las hojas, se constata que hojas de gran tamaño producen capas límites de mayor espesor que las pequeñas, dado que la existencia de tricomas en la superficie foliar provoca el frenado del viento y por consiguiente aumenta el espesor de la capa límite. Teniendo en cuenta que la capa límite afecta tres procesos que están relacionados e interactúan de manera compleja (intercambio de calor entre la hoja y la atmósfera, pasaje de vapor de agua desde la cavidad sub-estomática hacia la atmósfera y absorción de CO2 desde la atmósfera), pueden advertirse las dificultades que existen para tratar cada uno de ellos de manera aislada

Capa límite y transpiración

El viento ejerce su influencia sobre la tasa de transpiración debido a su efecto en la remoción de la capa límite, aunque también puede actuar de manera directa.

han observado en esquejes de tomate que existe interacción entre el déficit de presión de vapor (DPV), la resistencia de la capa límite de la hoja y la tasa transpiratoria: cuando el DPV es bajo, el de la capa límite es superior al del aire, y viceversa. A partir de estas observaciones, la condición de aire calmo un aumento de la temperatura foliar aumenta el DPV de la capa límite y ocasiona de esta manera una disminución de la tasa transpiratoria.

Capa límite y fotosíntesis

El viento afecta positivamente la absorción de CO2 al incrementar su turbulencia en la vecindad de la superficie foliar, aumentando de esta manera la conductancia de la capa límite. Este aumento de la turbulencia es debido a la rugosidad producida por las nervaduras y las condiciones aerodinámicas de las hojas. Por otro lado, el viento al producir el movimiento de las hojas puede contribuir a aumentar la conductancia de la capa límite, y de esta manera a incrementar el flujo de CO2 al interior de la hoja (de Langre, 2008). Kitaya et al. (2004) observaron en plántulas de tomate que la insuficiencia del movimiento del aire alrededor de las plantas disminuye la tasa fotosintética al disminuir la difusión de gases debido a la resistencia de la capa límite: la tasa fotosintética bajo una velocidad del aire de 0,4 m s-1 fue 1,3 veces superior que a 0,1 m s-1. Estos resultados muestran la importancia de controlar el movimiento del aire en las experiencias en las cuales se determina la tasa de fotosíntesis

El viento sobre los estomas.

Caldwell (1970) observó una acción diferencial del viento entre plántulas de Rhododendron ferrugineum L. y Pinus cembra L. expuestas a vientos de 15 m s-1 durante 24 horas. La primera especie mostraba una disminución del poro estomático poco tiempo después de iniciarse la exposición al viento, afectando la fotosíntesis y transpiración. Por su parte, la apertura estomática en Pinus cembra fue levemente afectada por el viento pero la tasa fotosintética sufrió una importante reducción debido a cambios en la disposición de las agujas a la irradiancia. Teniendo en cuenta que el viento afecta la temperatura foliar, la resistencia estomática y la tasa transpiratoria, puede inferirse que también influye en el potencial hídrico y el contenido de agua ya sea del xilema caulinar como de la hoja.