Los aminoácidos son los componentes básicos de las proteínas, macromoléculas complejas que en las plantas desarrollan funciones estructurales (como componentes de las paredes celulares), enzimáticas (muchos procesos bioquímicos están catalizados por proteínas) y hormonales.

Se caracterizan por tener en su molécula un grupo amino (-NH2) y un grupo ácido (-COOH) unidos a un mismo carbono, denominado carbono alfa. A este carbono se encuentran unidos también un átomo de hidrógeno y un radical que es el que diferencia a los distintos aminoácidos.

En función de la posición que ocupen en el espacio los 4 grupos unidos al carbono alfa, se distinguen dos tipos de isómeros denominados dextrógiros (D) y levógiros (L). Los aminoácidos que forman las proteínas, denominados aminoácidos proteicos, y la mayoría de los que se encuentran en la naturaleza, son siempre de la forma L.

Además de los aminoácidos proteicos, que son 20, existen otros que se presentan en forma libre o combinada, pero nunca formando parte de las proteínas. A estos se les denomina aminoácidos no proteicos y se conocen más de 200.

Las plantas son capaces de sintetizar todos los aminoácidos, tanto los proteicos como los no proteicos, utilizando como fuente de nitrógeno el amonio y el nitrato que encuentran en el suelo o que se les aporta foliarmente.

Algunos aminoácidos, además contienen azufre, que la planta obtiene del sulfato del suelo.

La síntesis de aminoácidos es costosa para las plantas en relación al requerimiento energético que precisan. Este gasto de energía es especialmente importante en momentos en los cuales la fisiología de la planta no es óptima, como puede ser en el caso de golpes de calor o frío, enfermedades o estrés hídrico.

Además, está demostrado que las plantas sometidas a cualquier tipo de estrés, necesitan incrementar el contenido total de aminoácidos libres para soportar dicha situación. Esto, lo hacen a costa de disminuir la formación de proteínas, lo que provoca una reducción en la tasa de crecimiento de éstas.

Por lo general, los costes energéticos para las adaptaciones de las plantas al estrés son muy altos, lo que les impide rendir como lo harían de no necesitar estos ajustes fisiológicos internos.

Las plantas sintetizan sus propios aminoácidos a partir de Nitrógeno inorgánico. El proceso incluye la transformación del nitrato en nitrito y amonio, y su posterior incorporación a una molécula orgánica dando lugar al ácido glutámico. A partir de este aminoácido la planta sintetiza todos los demás, a través de los procesos de transaminación. El proceso se realiza con un elevado coste de energía, por lo que en momentos de estrés para la planta, la aplicación exógena de los aminoácidos permite que ésta disponga de la energía necesaria para otros procesos fisiológicos más productivos.

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